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Los casi 1,1 millones de bitcoin de Satoshi Nakamoto llevan años sin moverse y, para algunos, representan una bomba de tiempo. No solo para el mercado, sino también por una nueva amenaza tecnológica.
Las supercomputadoras, también llamadas computadoras cuánticas, se están volviendo cada vez más potentes. Precisamente estas antiguas wallets podrían convertirse en un objetivo interesante en el futuro. ¿Cómo funciona esto exactamente? Lo analizamos.
Crece el temor a las supercomputadoras
La preocupación por las supercomputadoras va en aumento en el mundo cripto. A diferencia de los ordenadores tradicionales, que operan con ceros y unos, estas máquinas utilizan qubits que pueden representar múltiples valores al mismo tiempo. Esto les permite realizar ciertos cálculos mucho más rápido.
Gigantes tecnológicos como Google e IBM invierten miles de millones y sistemas con miles de qubits parecen estar cada vez más cerca. Aun así, esto no significa que bitcoin vaya a “romperse”; se espera que la red siga siendo segura.
El riesgo se concentra en direcciones antiguas. Si estas fueran vulneradas, grandes cantidades de bitcoin podrían liberarse y llegar al mercado. Según el CEO de Coinbase, Brian Armstrong, no se trata de una crisis inmediata, sino de un reto para el que el sector puede prepararse.
Los bitcoin de Satoshi como objetivo
Cada wallet de bitcoin tiene dos claves: una pública y una privada. Normalmente, es prácticamente imposible deducir la clave privada a partir de la pública, algo que llevaría millones de años. Las computadoras cuánticas podrían hacerlo en teoría mediante algoritmos específicos.
Esto permitiría acceder a bitcoins almacenados en wallets vulnerables. Las direcciones antiguas, como las de Satoshi, son especialmente sensibles porque su clave pública ya es visible en la blockchain. También pueden ser vulnerables las direcciones reutilizadas.
Según un informe de la Human Rights Foundation de 2025, unos 6,5 millones de bitcoins podrían estar en riesgo. De ellos, 1,72 millones pertenecen a direcciones antiguas probablemente perdidas o inaccesibles, incluidos los 1,1 millones estimados de Satoshi. Otros 4,49 millones están en direcciones reutilizadas cuyos propietarios aún podrían mover los fondos.
Si los bitcoin de Satoshi llegaran a liberarse, el impacto en el mercado podría ser enorme. Una cantidad tan grande aumentaría de golpe la oferta, presionando el precio a la baja.
Además, al tratarse de monedas que han permanecido inactivas durante años, cualquier movimiento podría generar pánico entre los inversores y agravar la caída.
Los desarrolladores buscan soluciones
La comunidad de Bitcoin ya está trabajando en posibles soluciones. Una de ellas es la propuesta BIP 360, que introduce un nuevo tipo de dirección más resistente a ataques cuánticos.
Según el desarrollador Hunter Beast, este es solo el primer paso. Serán necesarias más actualizaciones para garantizar la seguridad a largo plazo.
Estas mejoras solo pueden implementarse con el consenso de toda la comunidad, ya que no existe una autoridad central. Para los usuarios, la solución es relativamente sencilla: mover sus bitcoin a direcciones más seguras.
Sin embargo, en el caso de los fondos de Satoshi la situación es distinta. Permanecen intactos desde el inicio y se desconoce si su creador sigue con vida. Para estas wallets no hay soluciones claras. Propuestas como congelar los fondos vulnerables son muy controvertidas, ya que chocan con uno de los principios fundamentales de bitcoin: que nadie puede controlar el dinero de otros.
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