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Una aportación mensual de 250 € sirve como referencia para analizar la evolución del capital con el tiempo. La pregunta es: ¿qué tan rápido puede crecer una aportación fija como esta hasta convertirse en una cantidad importante?
El punto de partida es claro. Inviertes 250 € cada mes, calculas una rentabilidad media del 8% anual y dejas que todo siga su curso. Sin aportaciones extra y sin intentar anticipar el mercado. Solo constancia.
¿Cómo evoluciona esa aportación mensual?
Quien invierte 250 € cada mes durante veinte años aporta en total 60.000 €. El ejemplo muestra que el capital final es mucho mayor.
Tras veinte años, el total crece gracias al efecto del interés compuesto hasta aproximadamente 148.269 €. Una gran parte de esa cantidad no procede de la aportación propia, sino del rendimiento acumulado. Esto se debe a que las ganancias obtenidas se reinvierten una y otra vez.
En la fase inicial, el crecimiento es todavía lento. El capital parece avanzar apenas. Solo más adelante se hace visible lo fuerte que es el efecto del tiempo y del interés compuesto.
Hitos en el camino hacia los 100.000 €
Para entender mejor la evolución, ayuda fijarse en cifras concretas. ¿Cuándo se alcanzan los primeros grandes hitos?
Los primeros 10.000 € llegan relativamente rápido. Ocurre tras unos tres años, cuando el capital supera ligeramente los 10.500 €. Después, el crecimiento continúa de forma constante, pero sin grandes saltos.
El siguiente gran paso son los 50.000 €. Ese nivel se alcanza aproximadamente entre el año diez y el once. Tras nueve años hay unos 40.000 €, y un año después ya casi 47.000 €. A partir de ahí, el ritmo empieza a acelerarse de forma notable.
La barrera de los 100.000 € aparece en torno al año dieciséis. Tras quince años, el capital se sitúa justo por debajo de los 90.000 €. Un año más tarde, ya roza los 100.000 €. Desde ese momento, el rendimiento asume cada vez más protagonismo.
Por qué el efecto se nota sobre todo más adelante
El crecimiento del patrimonio no es uniforme. En los primeros años, la mayor parte procede del dinero aportado. El rendimiento todavía juega un papel secundario. Con el paso del tiempo, ocurre justo lo contrario.
Ese es el efecto del interés compuesto. No solo crece la aportación inicial, sino que las ganancias anteriores siguen generando rendimientos. Quien mantiene la constancia y no abandona a mitad de camino ve la mayor diferencia precisamente en los últimos años.
Justo ahora, cuando millones de neerlandeses se ven afectados por tener que trabajar más tiempo y por una prestación por desempleo más corta, aumenta la importancia de construir patrimonio propio como colchón para el futuro.
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