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El precio de bitcoin se mueve desde hace años en potentes ciclos de euforia y duda. En los mercados alcistas, la narrativa parece clara: escasez digital, dinero independiente y una alternativa al sistema financiero tradicional. Pero cuando la liquidez se agota y el impulso desaparece, siempre vuelve la misma pregunta: ¿en qué se basa realmente el valor de bitcoin?
Precisamente ahí puede encontrarse el mayor problema de bitcoin en esta fase de su existencia.
Sin un ancla tangible
A diferencia de muchos otros activos, bitcoin no tiene un valor físico ni un uso directo que sirva de referencia a los inversores durante las caídas.
Si el oro cae con fuerza, sigue existiendo un lingote que puedes sostener en la mano. Si una acción tecnológica se desploma, a menudo sigues utilizando su producto a diario. Piensa, por ejemplo, en un iPhone, en el software del trabajo o en una plataforma que ofrece servicios reales.
Esa tangibilidad actúa psicológicamente como un ancla. Ayuda a los inversores a soportar racionalmente el dolor de una caída del precio, porque hay algo concreto detrás. En bitcoin, esa ancla no existe. La posesión es completamente digital, visible solo como un número en una pantalla.
Cuando el precio baja y la confianza se tambalea, no hay nada físico a lo que aferrarse. Por eso la duda aparece más rápido que en activos tradicionales como el dólar o el euro.
This is why the narrative cycle works the way it does.
Bitcoin can’t be held, seen, or felt. It’s a number on a screen. Gold drops 40%, you still have the bar in your hand. Apple craters, you’re still holding the phone. You use Salesforce at work every day.
These things have… https://t.co/7LU0pTiDvB
— Market Radar (@themarketradar) February 10, 2026
La liquidez marca la narrativa
Esa falta de tangibilidad hace que bitcoin sea especialmente sensible a los cambios en la liquidez y el sentimiento.
Mientras entra suficiente dinero en el mercado, domina la narrativa optimista: escasez, adopción, interés institucional. Pero cuando el flujo de capital se ralentiza, la psicología cambia bruscamente. La conversación deja de girar en torno al potencial y pasa a centrarse en la legitimidad del activo.
Cada ciclo repite el mismo patrón:
- Primero la fe.
- Luego el impulso.
- Después la duda.
No porque la tecnología cambie de repente, sino porque la confianza se apoya en gran medida en expectativas de futuro y no en un valor visible y directo en el presente.
La volatilidad como rasgo estructural
Esta dinámica explica por qué bitcoin es estructuralmente más volátil que muchos otros activos financieros.
Las acciones se apoyan en beneficios, productos y flujos de caja, y el oro en miles de años de historia como reserva de valor. Bitcoin, en cambio, gira principalmente en torno a la confianza colectiva en una idea monetaria. Esa confianza puede ser muy fuerte, pero también puede cambiar rápidamente.
La volatilidad no es, por tanto, un problema temporal, sino una consecuencia lógica de la naturaleza del propio activo. Un experimento monetario completamente digital y orientado al futuro siempre reaccionará con mayor intensidad a los cambios en el sentimiento que los activos tangibles o productivos.
Una fase, no un punto final
Esto no significa que bitcoin esté condenado a una inestabilidad permanente. También puede verse como una fase de crecimiento.
Los nuevos sistemas monetarios nunca obtienen credibilidad de la noche a la mañana. El oro necesitó siglos para consolidar la confianza mundial. Las divisas estatales solo se impusieron tras profundos cambios políticos y económicos. Incluso el dólar estadounidense, que recientemente sufrió un golpe histórico, alcanzó su estatus actual tras la Segunda Guerra Mundial.
Desde esa perspectiva, no resulta extraño que un sistema monetario digital con menos de dos décadas de existencia tenga dificultades para mantener la confianza en momentos de tensión.
Lo que realmente importa
La cuestión central no es si bitcoin es lo suficientemente tangible, sino si la confianza en la escasez digital puede llegar a ser lo bastante sólida como para superar esa falta de tangibilidad.
Si lo consigue, el mayor problema actual podría convertirse en su mayor fortaleza: una forma de dinero completamente desvinculada de fronteras físicas, Estados y sistemas.
Pero mientras esa confianza siga construyéndose, el mercado continuará oscilando entre la convicción y la duda. Y precisamente esa tensión, entre idea y realidad, define en este momento el carácter de bitcoin.
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