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Donald Trump se perfiló durante años como un firme opositor a las aventuras extranjeras. Durante sus campañas electorales, criticó duramente a predecesores como George W. Bush y Joe Biden por involucrar al país en guerras prolongadas e intervenciones caóticas. Sin embargo, esa moderación parece haber quedado atrás en su segundo mandato.
En los últimos doce meses, el Pentágono ha estado más activo que durante casi la totalidad de su primera presidencia.

Más acciones militares que nunca
Mientras que en su primer mandato Trump optaba principalmente por ataques aéreos limitados con objetivos muy específicos, ahora vemos un despliegue mucho más amplio del poder militar. Estados Unidos ha llevado a cabo operaciones selectivas contra objetivos del Estado Islámico en Irak, Siria y Nigeria; ha iniciado una campaña contra presuntas rutas de narcotráfico en América Latina y ha reforzado considerablemente su presencia naval en diversas regiones estratégicas.
El paso más trascendental, sin embargo, es la “Operación Epic Fury”: una campaña abierta contra el régimen iraní. En el primer día de ataques conjuntos entre Estados Unidos e Israel, varios líderes de alto rango iraníes perdieron la vida. Trump ha declarado que la operación continuará «el tiempo que sea necesario».
¿Qué ha cambiado?
Durante su primer periodo, Trump era conocido por su reticencia a los despliegues militares a gran escala. Prefería acciones rápidas y quirúrgicas, como la liquidación del general iraní Qassem Soleimani en 2020. Aquella operación provocó una respuesta de represalia limitada por parte de Irán sin causar bajas estadounidenses.
Según algunos exfuncionarios, ese éxito convenció a Trump de que las demostraciones de fuerza militar pueden ser políticamente rentables. En este segundo mandato, el umbral para autorizar el uso de la fuerza parece ser mucho más bajo.
¿Victorias rápidas o guerras interminables?
Trump presenta sus intervenciones como operaciones quirúrgicas que terminan con una victoria clara y rápida. El ejemplo más citado fue la acción en Venezuela que resultó en la detención de Nicolás Maduro. Sin embargo, el caso de Irán parece ser diferente.
Esta vez, Teherán ha respondido con cientos de drones y misiles. Aunque la mayoría fueron interceptados, se han registrado bajas estadounidenses. A pesar de la escalada, los políticos republicanos insisten en que no hay planes para una guerra terrestre a gran escala.
Tensiones con su propia estrategia
Resulta llamativo que este rumbo no coincida plenamente con la reciente estrategia de defensa de EE. UU., que abogaba por reducir las intervenciones y los cambios de régimen para no distraer recursos. Además, Trump ha llegado a amenazar con presión militar incluso a aliados, como ocurrió con Dinamarca en la disputa sobre Groenlandia.
Los expertos señalan que, mientras en su primer mandato Trump se volvió más cauteloso con el tiempo, en el segundo está ocurriendo lo contrario. Los próximos meses determinarán si esta estrategia conduce a victorias políticas rápidas o a un compromiso bélico mucho más largo de lo previsto.
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