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Bitcoin ha protagonizado en los últimos meses una de sus caídas más bruscas en años. La cotización descendió desde niveles muy superiores a los $100.000 hasta situarse por debajo de los $60.000. Este movimiento generó una gran inquietud entre los inversores y múltiples interrogantes sobre qué falló exactamente. Según los expertos, el desplome no responde a una única causa, sino a varios factores que se han retroalimentado entre sí.
Cuando los grandes actores del mercado se ven obligados a vender de forma simultánea, el precio puede hundirse rápidamente. Eso es precisamente lo que ha ocurrido este último mes. A continuación, detallamos las tres causas principales que los analistas señalan tras este crash.
Bancos e inversores institucionales vendieron de forma masiva
Según el ex director de BitMEX, Arthur Hayes, los grandes bancos han desempeñado un papel crucial. Entidades como Morgan Stanley comercializan productos de inversión vinculados a Bitcoin. Si la cotización cae con fuerza, estos bancos se ven obligados a reducir su riesgo vendiendo Bitcoin (un proceso conocido como delta-hedging).
Al mismo tiempo, los grandes poseedores de Bitcoin, conocidos como «ballenas», también vendieron cantidades significativas. Datos de Santiment revelan que las carteras que contienen entre 10 y 10.000 BTC poseen ahora menos monedas que en cualquier momento de los últimos nueve meses. En un breve periodo, se vendieron miles de millones de euros en Bitcoin, lo que ejerció una presión adicional insostenible sobre el precio.
Apuestas fallidas con dinero prestado
Parte de los problemas se originaron en Asia. Grandes fondos de inversión en Hong Kong apostaron por una subida continua de Bitcoin utilizando dinero prestado (apalancamiento), aprovechando que el crédito en Japón ha sido históricamente barato (una estrategia de carry trade).
Este capital se invirtió en productos que siguen el precio de Bitcoin. Mientras el mercado subía, la estrategia era muy rentable. Sin embargo, cuando Bitcoin empezó a bajar, estos fondos se vieron obligados a aportar garantías adicionales (margin calls). Al no poder cubrir los fondos necesarios, sus posiciones fueron liquidadas, forzando la venta de Bitcoin y acelerando la espiral bajista.
Los mineros pierden rentabilidad y abandonan la red
Las empresas que minan Bitcoin también están atravesando momentos difíciles. Con el precio a la baja, su actividad es mucho menos rentable. De hecho, los ingresos por unidad de potencia de cómputo (hashprice) han caído hasta mínimos históricos.
Como consecuencia, algunos mineros han detenido sus operaciones o apagado sus máquinas temporalmente. Esto provocó una inusual caída en la dificultad de la red, señal de que hay menos potencia activa. Además, algunos mineros están optando por reorientar sus equipos hacia tareas de inteligencia artificial (IA), ya que les ofrece unos ingresos más estables y elevados en el contexto actual.
En resumen, el crash fue el resultado de una «tormenta perfecta»: ventas forzadas, la salida de grandes inversores y la presión sobre los mineros se reforzaron mutuamente. Mientras esta presión persista, el mercado seguirá mostrando signos de vulnerabilidad.
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