Foto: Maarten Zeehandelaar/Shutterstock
Una situación meteorológica invernal marca estos días gran parte de España. Bajas temperaturas, episodios de lluvia y frío intenso dominan el panorama en varias regiones.
Mientras el país afronta estas condiciones invernales, sucede algo llamativo en el mundo cripto. El frío parece tener efecto en las criptomonedas, en particular en la red de Bitcoin. ¿Cómo es posible?
Frío: un patrón llamativo para las criptomonedas
Hemos observado una correlación interesante. Los periodos fríos coinciden con mayor frecuencia con una actividad más alta en la red de Bitcoin. No se trata solo de un dato curioso para la app del tiempo: influye en la forma en que trabajan los mineros y en cuánta potencia de cálculo recibe la red.
Durante los meses fríos ocurre algo especial. La red de Bitcoin parece cobrar literalmente más vida, como si el invierno activara lentamente un botón turbo. Esto se debe sobre todo a un factor: el equipamiento de minería no tolera bien el calor.
Las plataformas mineras funcionan las 24 horas y generan enormes cantidades de calor. En climas cálidos, los mineros deben invertir mucho en refrigeración, como aires acondicionados, ventiladores y sistemas industriales. Todo ello consume energía que no se destina a la minería. Cuando el exterior es frío, la naturaleza realiza gran parte de ese trabajo de refrigeración de forma gratuita. Y eso marca una gran diferencia.
Tormenta fuera, potencia dentro
En climas fríos, los mineros desperdician menos electricidad en refrigeración. Esto significa que operan de forma más eficiente y que una mayor parte de la energía puede destinarse directamente a la minería. Suena técnico, pero el impacto es sencillo: cuanto más eficiente funciona una “fábrica” de bitcoin, más máquinas pueden permanecer encendidas durante más tiempo.
Cuando bajan las temperaturas, aumenta la actividad de la red. Como si Bitcoin ganara literalmente más margen para respirar en invierno.
Ventaja técnica para Bitcoin
Esa mayor eficiencia se refleja finalmente en la llamada “hash rate”. Se trata de la potencia total de cálculo de la red de Bitcoin y es muy importante, ya que determina cuán segura y robusta es la red.
Cuando la hash rate aumenta, resulta más caro y difícil para actores maliciosos atacar la red. Bitcoin se vuelve así más fuerte, estable y fiable. Es una ventaja técnica que, al mismo tiempo, incrementa la confianza en la criptomoneda. Una red que funciona con solidez envía a los inversores la señal de que la base es firme.
De forma interesante, también existen indicios de que las fluctuaciones de la hash rate, posiblemente impulsadas por la temperatura, guardan relación con la estabilidad del precio de bitcoin. No porque el frío determine la cotización, sino porque una red más fuerte respalda el sentimiento del mercado.
El clima y la psicología
Por último, conviene analizar el clima y la psicología de los inversores. Diversos estudios muestran que las condiciones meteorológicas pueden influir sutilmente en nuestro estado de ánimo. En días soleados, las personas se sienten de media más optimistas, lo que hace que asuman riesgos con mayor facilidad.
Con tiempo gris o sombrío, suele predominar la cautela. Ese cambio de ánimo se traduce después en variaciones pequeñas pero medibles en rendimientos, volumen de negociación y volatilidad.
En el caso de las criptomonedas, esto resulta especialmente interesante, ya que este mercado depende aún más de las emociones y del momentum. La dinámica de miedo y codicia suele ser más visible en cripto que en los mercados bursátiles tradicionales.
Además, el mercado cripto opera 24/7 y el inversor minorista desempeña un papel más relevante. El mercado suele reaccionar con fuerza al sentimiento de los inversores. Un pequeño cambio entre comportamiento “risk-on” o “risk-off” puede mover los precios de forma considerable.
La gran pregunta: ¿el clima influye en los precios cripto?
Este análisis conduce a una pregunta interesante: ¿podrían las previsiones meteorológicas desempeñar algún día un papel en el análisis cripto? Imagina que los mineros planificaran su expansión según las estaciones, que las granjas de minería se trasladaran cada vez más a regiones frías, o que los traders incluso tuvieran en cuenta fluctuaciones estacionales de la hash rate, del mismo modo que hoy observan los datos macro y las señales on-chain.
Para ello se necesita mucha más investigación. La correlación no garantiza modelos predictivos. Aun así, la idea es fascinante y, sobre todo, muy propia del mundo cripto. Todo es digital, pero en última instancia sigue conectado con el mundo real.
En este frío día de invierno, bitcoin se mantiene razonablemente bien. La criptomoneda se recupera hoy después de la fuerte caída de ayer. Además, el mercado cripto se prepara para una jornada importante.
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