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Bitcoin atraviesa una fase extraña. Todo parece ir a favor, excepto el propio precio. La economía estadounidense funciona mejor de lo esperado, los consumidores siguen gastando, la inflación continúa bajando y el mercado laboral se resiste a enfriarse con fuerza. En casi cualquier manual macroeconómico clásico, este sería un entorno en el que aumenta el apetito por el riesgo y bitcoin se beneficia de ello.
¿Cuál es el problema para Bitcoin?
Incluso al analizar los factores subyacentes, el panorama parece sólido. Las empresas sensibles a los tipos de interés están rindiendo de forma notable y el número de quiebras en Estados Unidos ha caído a su nivel más bajo en años. Apenas hay estrés y mucho menos pánico. Y, aun así, bitcoin se queda rezagado. Es cierto que el precio se recuperó desde el mínimo en torno a los 80.000 dólares, pero todavía no hay una convicción real.

Eso resulta incómodo. Precisamente en mercados donde todo “encaja”, los inversores esperan impulso. Si este no llega, se buscan explicaciones. A mi juicio, la clave está en una variable que a menudo se subestima: el tipo de interés real.
El tipo de interés real, el tipo ajustado por inflación, ha aumentado con fuerza en los últimos meses. Suena técnico, pero el impacto es concreto. Si los tipos suben, pedir dinero prestado se encarece y personas y empresas lo hacen con menos rapidez.
Al mismo tiempo, ahorrar vuelve a ofrecer un rendimiento real, lo que hace que el dinero termine antes en cuentas de ahorro o en bonos. Así desaparece el “dinero fácil” del mercado y la liquidez se vuelve más escasa. Y cuando no hay dinero barato circulando por todas partes, las inversiones sin ingresos propios, como bitcoin, lo tienen más difícil para acelerar con fuerza durante periodos prolongados.

La liquidez no es un sentimiento, sino una condición. Es el combustible de las subidas de precios. Y ese combustible ha estado simplemente menos disponible en los últimos tiempos.
¿Un posible punto de inflexión para Bitcoin?
Aun así, aquí podría surgir precisamente un punto de inflexión. Los mercados suelen comportarse como si lo que ocurre ahora fuera a continuar sin cambios. Esto se refleja en las expectativas actuales de tipos: para 2026, el mercado cuenta con menos de dos bajadas de tipos por parte del banco central estadounidense, como si unos tipos reales elevados fueran sostenibles sin problemas.
Eso es arriesgado. Las expectativas de inflación han caído con rapidez y el mercado laboral empieza a debilitarse en algunos frentes. Con tipos reales altos, esa debilidad se amplifica. La tensión aumenta poco a poco, pero cuando el giro llega, suele hacerlo de golpe.
Si el mercado se da cuenta de que los tipos actuales son demasiado altos para que la economía siga creciendo con solidez, el panorama cambia. Entonces los inversores empezarán a anticipar más bajadas de tipos, el tipo real descenderá y volverá a haber más dinero disponible en el mercado.
Una posible oportunidad
Y ahí es donde surge una oportunidad para bitcoin. El precio no necesita euforia, ni modas de ETF, ni nuevas narrativas. Un giro en la liquidez suele ser suficiente. No es espectacular ni ruidoso, pero sí efectivo.
Que eso conduzca o no a un “último rally” es menos relevante que la dirección de las fuerzas subyacentes. Los mercados no se mueven por lógica, sino por condiciones. Y cuando esas condiciones se suavizan, bitcoin suele seguir de forma natural.
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