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Actualmente pesa una tensión peculiar sobre los mercados financieros. Aunque el S&P 500 y el Nasdaq 100 siguen moviéndose a solo unos pocos puntos porcentuales de sus máximos históricos, el sentimiento subyacente se percibe frágil.
Los inversores parecen estar desplazando de forma visible su capital hacia sectores tangibles y más defensivos. Mientras el precio de bitcoin y las acciones de software (XSW) están bajo presión desde octubre de 2025, sectores como bienes de consumo básico (XLP), industria (XLI), materiales (XLB) y energía (XLE) muestran un comportamiento sorprendentemente fuerte.

Falta una verdadera asunción de riesgo
Esta rotación deja claro que falta una auténtica disposición a asumir riesgos. En lugar de apostar de lleno por el crecimiento y la tecnología, los inversores optan por la seguridad y la previsibilidad. Esto es comprensible. El impacto de la inteligencia artificial en la economía mundial sigue siendo incierto, mientras que las empresas tecnológicas están invirtiendo cientos de miles de millones en esta posible revolución. Al mismo tiempo, la situación geopolítica continúa siendo inestable. Aun así, sigo viendo suficientes motivos como para no caer en el pesimismo.
Si se observa el panorama macroeconómico, este resulta sorprendentemente sólido. La economía estadounidense parece estar recuperando impulso. Los índices de gestores de compras, indicadores clave de la actividad industrial, apuntan a un crecimiento robusto. El mercado laboral se mantiene fuerte, mientras que la inflación se está moderando. Además, la Reserva Federal sigue en una fase de flexibilización monetaria y, con Kevin Warsh, parece perfilarse un nuevo presidente respaldado por Trump.
Otros fundamentos también respaldan el escenario optimista. Los tipos hipotecarios en Estados Unidos se sitúan en el nivel más bajo de los últimos años y los beneficios empresariales continúan creciendo a un ritmo excepcional. No son señales propias de una recesión clásica. Al contrario, el conjunto apunta más bien a una economía que entra en una nueva fase de aceleración.
Esto lo determina todo para bitcoin
Al final, todo gira en torno a la liquidez: la cantidad de capital disponible a nivel mundial para invertir. Y precisamente ahí podría estar la clave de una recuperación. Es probable que el banco central estadounidense continúe con la flexibilización; las condiciones financieras siguen siendo relativamente holgadas y los diferenciales de crédito permanecen llamativamente ajustados. Desde esta perspectiva, parece existir una base sólida para un nuevo repunte de bitcoin.
Por ello, una bearmarket profunda y prolongada para bitcoin parece poco probable por ahora. El mayor riesgo reside más bien en una pérdida repentina de confianza en la revolución de la inteligencia artificial. Sin embargo, dadas las enormes inversiones realizadas y las primeras señales visibles de mejoras en la productividad, ese escenario tampoco parece inminente.
Precisamente por eso, las cifras de Nvidia del miércoles 25 de febrero adquieren una relevancia especial. No solo constituyen una prueba de la confianza en la IA, sino también, potencialmente, del sentimiento general del mercado y, de forma indirecta, del próximo movimiento de bitcoin.
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